Aspirina y su problema pulmonar y hepático.

14 Sep

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Aspirina era una perrita “terapéutica” según su dueña, la Señora Pecci, ya que hace 15 años, cuando la adoptó, Aspirina ayudó  mucho a su dueña.

Digo” era una perrita” porqué el otro día la señora Pecci tuvo que tomar una difícil decisión: eutanasiar a Aspirina por sus problemas graves de salud.

Hace una semana Aspirina empezó a toser muchísimo. En un pricipio parecía un catarro vírico que afectaba solo a las vías respiratorias altas  pero en 1-2 días Aspirina empeoró drásticamente: empezó a tener mucha fiebre (40.5 de temperatura) y a respirar con dificultad, la tos se hizo más persistente.

Aspirina llegó a la clínica muy chafada y le realizamos un chequeo completo con radiografías de tórax i ecografía de abdomen.

A la radiografía de tórax observamos un patrón pulmonar alterado y la presencia de una bulla pulmonar. Las dos principales sospechas frente a estas alteraciones pulmonares eran dos: una neumonía bacteriana o una neoplasia.

Radiografa de tòrax normal para un perro de la edad de Aspirina.

En la parte craneal del tórax se observa como una “redonda”, esto es una bulla pulmonar.

Bulla pulmonar y patrón intersticial de Aspirina.

Una bulla  pulmonar es una lesión cavitaria pulmonar producida por una ruptura del alveolo, la zona del pulmón donde tiene lugar el intercambio gaseoso.  No es una lateración demasiado común en perro y puede ser congénia o adquirida, es decir, como consecuencia de otros problemas pulmonares.

Las bullas requieren una monitorización de su evolución e identificación de la causa subyacente y, en caso de rutura de ésta, requieren un tratamiento quirúrgico.

En el chequeo sanguíneo de Aspirina encontramos  una elevación muy marcada de las enzimas hepáticas y al realizar una ecografía abdominal para ver el hígado visualizamos una masa hepática de gran tamaño compatible con una neoplasia.

Aspirina, muy quieta mientras realizábamos la ecografía abdominal.

Imagen ecográfica de la masa hepática.

Realizamos una punción con aguja fina de la masa y realizamos una citología que mostraba alguna célula anormal. La única manera de saber exactamente qué tipo de tumor tenía Aspirina era realizando una biopsia hepática, cosa no planteable en ese momento por el grave estado en qué se encontraba.

Ingresamos a Aspirina con medicación para la fiebre, sueroterapia y antibioterapia de amplio aspectro para tratar una posible neumonía y, si había mejoría, realizar la biopsia hepática en unos días.

La evolución de Aspirina no fue buena, cada día estaba más débil y le costaba más respirar. Los antibióticos no funcionaban y nos planteamos si realmente la alteración pulmonar no podía estar relacionada con la masa en el hígado.

El estado de Aspirina no permitia la realización de más pruebas sin riesgos muy elevados para su vida y su dueña decidió que no quería hacer sufrir más a Aspirina y tomó la decisión.

Sé que es un caso muy triste, a veces no encontramos con casos en los que realizar pruebas agresivas para confirmar un diagnóstico o para llegar al diagnóstico definitivo no es posible debido al estado del animal. Como profesionales siempre queremos llegar al fondo de la questión y llegar hasta el diagnóstico final pero a veces se impone la ética y hemos de valorar el estado del animal, la sospecha clínica y pronóstico que tenemos, la edad del animal, el estado del propietario para decidir si vale la pena o no continuar.

Iris Pérez

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